
Caminando
Fotos: Guillermo Anderson
A veces salgo a la playa a caminar temprano con la intención de hacer mis ejercicios. Pero no es fácil en mi caso, hacerlos, cuando una mañana como la de hoy tiene tanto que ofrecer. No era una mañana soleada, los colores pintaban de otro modo. Era de unas nubes que cubrían por completo el cielo pero dejaban entrar una luz que raras veces he visto.
Me detengo a escuchar las olas. Hablan en voz baja como para no despertar al mar.
A lo lejos el motor cansado de una lancha. Me llama la atención las líneas que apenas dividen la playa del mar y el mar del cielo y la transición armoniosa de un color a otro.
A veces salgo a la playa a caminar temprano con la intención de hacer mis ejercicios. Pero no es fácil en mi caso, hacerlos, cuando una mañana como la de hoy tiene tanto que ofrecer. No era una mañana soleada, los colores pintaban de otro modo. Era de unas nubes que cubrían por completo el cielo pero dejaban entrar una luz que raras veces he visto.
Me detengo a escuchar las olas. Hablan en voz baja como para no despertar al mar.
A lo lejos el motor cansado de una lancha. Me llama la atención las líneas que apenas dividen la playa del mar y el mar del cielo y la transición armoniosa de un color a otro.
Bajo un árbol me encuentro con una alfombra de almendras maduras que cayeron quizás con las lluvias de anoche. El color de las almendras contra el color de la playa es de un contraste alucinante. Las observé por un rato como quien es testigo de una aparición.
Tomo una hoja verde del árbol y coloco simétricamente varias almendras sobre ella.
No se porque lo hice, quizás estaba queriendo expresar algo o era sencillamente un ritual, una celebración muy íntima de los colores encontrados, una ofrenda.

Continuo por la playa en dirección al viejo muelle. Las montañas están claras. Parecen descansar del remolino de nubes que a esta hora suele acomodarse en ellas.

Camino por el viejo muelle. Un cayuco amarrado a las viejas vigas se mece esperando a su dueño para volver a las islas o algún pueblo de la costa. ¿Será que tengo fijación con estos cayucos que parecen flotar mas bien en el aire contra un fondo de azul caribe, inmensidad.?

Lo que sería un ejercicio físico terminó siendo uno para el alma, de todas formas, saludable. La paz que me dio esta mañana me la guardo, en cualquier momento la puedo necesitar.